El plebeyo Noroña: “Aquí vivo a toda madre”.

El plebeyo Noroña: “Aquí vivo a toda madre”.

Peleas, gritos, jaloneos, manotazos, toma de tribuna, mentadas de madres, uso de las llamadas malas palabras y demás majaderías se han visto en las últimas cuatro décadas en el Poder Legislativo.

En su momento en los años 80, el extinto Porfirio Muñoz Ledo aguerrido opositor interpeló a gritos el informe de gobierno del expresidente Miguel de la Madrid Hurtado, más adelante en los años 90 durante los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo fue común observar los jaloneos, las señas obscenas, los agravios verbales entre las bancadas legislativas. Han pasado veinticinco años de la transición democrática y los golpes y jalones entre los miembros del Legislativo permanecen con intensidad y barbajanería propia de una taberna.

Lo que vimos en días pasados donde se jalonearon en la tribuna del Senado de la República los senadores Alejandro Moreno Cárdenas del PRI y Gerardo Fernández Noroña de Morena es una postal más de los zipizapes entre las bancadas opositoras y los integrantes del partido en el poder.

No nos deben extrañar esas conductas, el mismo Fernández Noroña hizo eso y más durante su paso por las curules legislativas cuando fue integrante de movimientos sociales y después cuando llegó a ser diputado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

El ahora morenista y oficialista Fernández Noroña era un especialista en interpelar posicionamientos legislativos, en usar la tribuna para acusar sin pruebas, en retar a golpes a legisladores, fue un ariete de la oposición para provocar enconos entre compañeros, para encarar funcionarios públicos durante sus comparecencias, para exponer la vida privada de quien no simpatizaba con él y para denostar a sus compañeras legisladoras.

Eran los tiempos del Noroña opositor, del Noroña que se tiraba al piso para que no pasará el expresidente Ernesto Zedillo, del Noroña gritón y vociferante, del Noroña porro y del Noroña humilde que hablaba de su pasado siendo taxista,ese mismo Noroña que en más de una ocasión fue señalado de machista, misógino y acosador; su tránsito hacia las posiciones de poder que ahora utiliza a su antojo está repleta de cinismo, oportunismo y egolatría. Ahora como integrante del bloque oficial se dice agredido, mancillado, golpeado y dispone a su antojo del Ministerio Público para que de forma ágil y expedita le tomen declaración y proceda la denuncia.

El patrón de conducta legislativa del autollamado plebeyo Noroña ha sido siempre la provocación, la violencia verbal, los gritos, el no respetar los tiempos de la tribuna legislativay decir mentiras a diestra y siniestra. En torno a su figura hay más cinismo y de oportunismo.

Antes denunciaba los excesos del poder público y vendía libros afuera de su casa porque estaba en la bancarrota; un sexenio después disfruta y se regodea con esos mismos excesos.

En el año 2009 el Noroña humilde reclamaba desde la tribuna legislativa que los legisladores renunciarán a su sueldo, que no fueran doble moral e hipócritas, que esos legisladores panistas y priistas vivían del pueblo y lo engañaban, además exigía que hubiera austeridad republicana. Pocos años después en 2014 declaró que él no pagaba impuestos porque era parte de su acto de desobediencia y hacia llamados a los ciudadanos para que hicieran lo mismo.

Ya enquistado en el poder y completamente nublado de soberbia el plebeyo Noroña ya no ve como privilegios viajar en avión de primera clase con destino a Europa, no ve opulencia cuando se compra una casa con valor de doce millones de pesos en Tepoztlán, Morelos, para él no es alarde tener dos automóviles marca Volvo cuyo valor está por encima del millón de pesos. Todo ello no tiene nada de opulento, ni de privilegio, sus propiedades son fruto de su trabajo sexenal, obtenidos por su sueldo de senador y porque tiene acceso a créditos bancarios.

El Noroña de 2012 ya no existe, ese político que se orinaba en la vía pública y que decía que no pagaría impuestos se extinguió, ahora hace un vídeo para mostrar la amplia sala de su residencia, sus terrazas y su vista al bosque igual o peor que los políticos que tanto criticaba.

Embelesado por su propio ego disfruta que desde Palacio Nacional la presidenta de la República Claudia Sheinbaum Pardo lo defienda y declare “hacen un escándalo, para qué”.

Noroña no es un demócrata, ni un luchador social, ni muchos menos un líder de izquierda. Noroña mostraba su frustración y enojo en años anteriores a 2018 simplemente porque él no podía estar en posiciones de poder.

Tan pronto llegó a obtener espacios de poder público Noroña se deshizo de su figura de plebeyo y fue mutando hasta convertirse en aprendiz de reyezuelo, intolerante ante la crítica y un villano que ha convertido el Senado en un espacio de circo.

Por eso ahora con el ego y cinismo que lo caracteriza declara desde su amplia residencia: “Aquí vivo a toda madre, yo no tengo ninguna obligación de ser austero”.

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